La Sierra de la Culebra

La Sierra de la Culebra, para las gentes de aquí simplemente ‘La Sierra’, ha estado desde siempre recubierta por un halo de misterio, magia y aventura.

A veces, La Sierra era un lugar de diversión sin igual: Allí, a las vaguadas de La Sierra mandaban a los pequeños de la casa a esperar a que les llegara el turno para regar las patatas que habían plantado, un turno que podía tardar una semana en llegar. Y allí, a la vera de La Sierra, dormían los niños y niñas de no más de ocho o diez años tumbados sobre un colchón de urces y jaras y sin más abrigo que un tapabocas y si acaso una pequeña lumbre. Y allí eran lo más feliz que un niño podía ser porque sus amigos estaban junto con ellos también esperando por el agua y porque allí tenían todo el tiempo libre que querían para jugar, sin más ocupaciones formales que esperar a que les llegara el turno para regar las patatas.

A veces, La Sierra también podía ser un lugar duro, inhóspito y cruel. Allí construyeron corrales los pastores de ovejas y allí pasaban las noches cuando se les hacía tarde para venir al pueblo. Era frecuente también mandar a los niños a cuidar de los rebaños de ovejas y cabras y cuentan que hubo una niña a la que mandaron a cuidar de su ganado con siete años. Ella era pequeña y le daba miedo juntarse con los pastores mayores que había, así que dormía sola, fuera del corral de pastores, sola en medio de La Sierra. Estas experiencias marcaron su carácter y su salud:  vivió muchos años y fue una mujer amable y fuerte.

corrales con niebla
Corrales con niebla en la Sierra de la Culebra

La Sierra nace en la cercanía de la Raya con Portugal y se adentra hasta las proximidades de Tábara. Discurre por Sanabria, Carballeda, Aliste y Sanabria, siendo una auténtica columna vertebral que une a las poblaciones de las distintas comarcas.

ACERCAMIENTO HISTÓRICO

Las primeras huellas de asentamientos humanos que encontramos en la zona de la Sierra de la Culebra datan del Paleolítico Inferior (100.000 a 300.000 años A.C)  y se trata de bifaces de piedra en yacimientos ubicados en el entorno de San Vicente de la Cabeza.

Los primeros pueblos que habitaron la Península Ibérica (Y por extensión en la Sierra de la Culebra) fueron los Iberos, quienes conocían el cobre y el bronce. De su  época (Edad de Cobre o Calcolítico, 2500 – 1800 años AC) encontramos grabados rupestres con barras  y pinturas antropomorfas en varios castros como el Castro del Pedroso (San Martín del Pedroso, Trabazos).

A la Edad de Bronce pertenecen varias pinturas rupestres localizadas en cuevas de Linarejos y Villarino de Manzanas.

Posteriormente se asentaron en la Península Ibérica los Celtas, provenientes del centro de Europa. Los pueblos Celtas introdujeron el arte de trabajar el oro y también el uso de hierro en armas y utensilios agrícolas, lo que los hizo mucho mas resistentes que aquellos que previamente venían usando los Iberos, hechos de cobre y bronce. Poco a poco, los pueblos Celtas e Iberos se fueron mezclando y dieron origen al gran pueblo de los Celtíberos, que dominó prácticamente toda la Península. Aún así, existieron numerosas tribus celtíberas que tenían cada una sus propias peculiaridades que las distinguían del resto: Los Astures, los Vacceos, los Lusitanos, los Vetones…

De ésta época, la Edad de Hierro (Año 750 AC aprox.), conservamos numerosos topónimos (Ferreras, Ferreruela, San Pedro de las Herrerías), y seguramente fue en ésta época fue cuando se instaló en la zona que ocupan la Sierra de la Culebra  y  la región portuguesa del distrito de Braganza el pueblo  celta de los Zoelas (perteneciente a la tribu los Astures), con el objetivo de extraer mineral de hierro.

Este pueblo nos dejó numerosos testimonios tales como los castros donde habitaban (En Abejera, Sarracín, Ferreras, Fradellos, Rabanales, Sejas, Villardeciervos, etc), estelas funerarias decoradas con círculos solares, verracos, toros (San Vitero, Rabanales). El documento mas notable de la existencia de éste pueblo es la inscripción de una tabla de bronce que se conserva en el Museo de Berlín: La Tabla de los Zoelas o Tabla de Astorga. En ésta tabla se recoge por escrito un pacto de hospitalidad entre los Zoelas y pueblos vecinos y también con los romanos. Este pacto de la Tabla de los Zoelas se firma en el año 27 DC en la localidad de ‘Curunda’, cuya localización se desconoce a día de hoy.

También se sabe que éste pueblo Zoela adoraba al dios Aernus o Aerno, desplazando éste al culto del resto de dioses Celtas. Este hecho se atestigua porque Aernus aparece citado en inscripciones del Castro de Avelas y en la población de Malta (Distrito de Macedo de Cavaleiros, en Braganza).

Estos pobladores celtas vivían en fortificaciones de piedra (Castros) que ubicaban en zonas elevadas desde las que tenían buena visibilidad. Dentro de éstas fortificaciones construían sus casas, generalmente hechas en forma redonda y de piedra, y con techo de ramas y arbustos. Eran un pueblo agropastoril que explotaba el campo en forma de colectivismo agrario (Repartían las labores de cultivo y luego repartían los rendimientos entre la población). Dentro de los cultivos agrícolas, al parecer tuvo especial relevancia el lino, según Plinio. El lino cultivado en territorio Zoela era usado en Roma para tejer redes de caza y pesca y también vestidos, y gozó de gran fama en Roma. También tuvo gran importancia la fundición de hierro y la obtención de carbón para leña.

De la época romana quedan numerosos vestigios, como una importante calzada romana que comunicó Braganza con Astorga (Vía XVII). Se sabe también que en un lugar no identificado en la falda de la Sierra de la Culebra existió la villa romana de Veniata, y a día de hoy se encuentran fuentes romanas bien conservadas en Nuez de Aliste y Figueruela de Arriba. A la época romana se atribuyen los falos de Ufones y Rabanales, asociados a símbolos de fertilidad y parece que fueron también los romanos quienes instauraron el cultivo del lino en la zona.

Del paso posterior por la Sierra de la Culebra de germanos y visigodos (S. V a VIII) se conservan pocos restos, pero hay uno especialmente significativo: el Templo de San Pedro de la Nave en el Campillo (Uno de los máximos exponentes de arquitectura visigótica en la Península Ibérica).

Invasión musulmana: No nos han llegado restos visibles hasta hoy, pero sí intangibles. Como las numerosas historias de moros que circulan por la Sierra y sus alrededores. Y como los topónimos: Domez, Samir, Mahíde y el propio nombre de la comarca de Aliste (Al Else = río de Alisos).

Edad Media:

Comienza con un periodo de reconquista y expansión cristiana durante los S. IX, X y XI. Durante ésta época se construyen algunos recintos amurallados, como el de Alcañices  (A día de hoy solo se conserva la torre del reloj de ésta muralla).

Desde 1200 los Caballeros Templarios fueron los dueños de éstas tierras: De 1255 data un privilegio otorgado por D. Alfonso X a favor del Maestre y Cabildo de la Caballería del Temple.

Esta etapa está marcada por duras relaciones señoriales en las que la población rural vive al amparo de la nobleza. Esta es una época de repoblación activa, iniciada por Alfonso III el Magno, y testimonio de ésta etapa es el surgimiento de nuevas poblaciones como Bercianos de Aliste, Gallegos del Río, Faramontanos de Tábara… Los desdichados habitantes de aquellas épocas vivían a expensas de sus señores de la nobleza y del clero, quienes ostentaban el poder e imponían severos tributos en dinero o especie que asfixiaban a la población.

Fue también en esa época en la que se construyeron varios monasterios para ayudar a fijar la frontera cristiana. Uno de los mas notables es  seguramente el Monasterio de San Salvador de Tábara, donde se iluminó en el 968 DC el célebre Beato de Tábara y donde residió una escuela de iluminación de gran importancia en la época medieval. A ésta época pertenecen también el templo parroquial de Nuestra Señora del Azogue, ubicado en Puebla de Sanabria y el Monasterio de San Martín de Castañeda, ubicado al lado del Lago de Sanabria (En el pueblo de San Martín de Castañeda).

En 1102 la comarca de Aliste fue entregada por el Papa a la Diócesis de Braga, convirtiéndose la zona en un potencial terreno para el conquistador Afonso Henriques, quien deseaba anexionarse éstas tierras que entonces pertenecían al Reino de León. En el año 1143 se formalizaría un acuerdo de paz en la ciudad de Zamora (Conferencia de Zamora) mediante el cual Afonso VII de León y Castilla y su primo Afonso Henriques se reconocen como dirigentes de los pueblos a los que representan (Condado de Portugal por parte de Afonso Henriques y Reino de León por parte de Alfonso VII), dando así comienzo a la independencia de Portugal.

Tras éste acuerdo transcurrieron dos siglos en los que hubo numerosos conflictos en los que se disputaban villas fronterizas. Esto finalmente se solucionó con la firma del Tratado de Alcañices de 1297, que delimitó con claridad la frontera entre España y Portugal tras esos dos siglos de conflictos y aún hoy se mantiene vigente. El Tratado se firmó el 12 de Septiembre de 1297 en Alcañices por los reyes Dinis de Portugal y Fernando IV de Castilla (Al ser menor de edad, Fernando IV fue representado por su madre, María de Molina).

En el S.XIII, bajo dominio Templario, la importancia del pastoreo en la zona hace que Alfonso X el Sabio reconozca la Mesta, estableciendo las rutas o cañadas por las que tendría que discurrir el ganado. Una de las cañadas mas importantes es la Cañada Vizana u Occidental Leonesa, que comunicaría León con Extremadura y que transcurre por el este de la Comarca de Aliste, a la finalización de la Sierra de la Culebra.

Posteriormente a la extinción por parte del Papa de la orden de los Templarios (Año 1312), el rey Enrique II donó en 1371 donó al noble Gómez Pérez de Valderrábano ‘La Villa de Tábara y su tierra, La Villa de Alcañices, igualmente con su tierra; y las villas de Mombuey y Ayóo’. Esta donación fue el comienzo de un periodo de vasallaje de cinco siglos en el que los pueblos de la Sierra de la Culebra  vivirían bajo el dominio de los sucesivos marqueses hasta finales del S.XIX – principios del XX (En 1541 se instauró el Marquesado de Tábara, siendo Bernardino Pimentel el primer Marqués de Tábara;  y en el mismo año 1541 se instauró también el Marquesado de Alcañices, siendo Francisco Enríquez de Almansa –emparentado con los Enríquez de Guzmán,  Condes de Alba y Aliste- el primer Marqués de Alcañices).

Del S.XV data la construcción del  Castillo de los Condes de Benavente,  en Puebla de Sanabria.

En 1811 las Cortes de Cádiz suprimieron los señoríos jurisdiccionales de la Nobleza (antiguos foros y rentas que cobraban a los habitantes de la zona, pasando éstos a depender del estado), pero no incidieron sobre sus derechos territoriales, que se mantuvieron pasando a ser propiedades privadas. Comienza así el desmantelamiento progresivo del vasallaje de los pueblos de la zona,  que solo conseguiría darse por suprimido en los inicios del  S.XX.  

Jaras en flor
Jaras en flor

Último siglo:

El fin del vasallaje de la nobleza tras cinco siglos dejó paso a un futuro mas halagüeño para la zona. Ello, unido a los avances en higiene y en medicina hicieron que la población de los pueblos de la Sierra de la Culebra creciera notablemente durante los primeros 50 años del S.XX. Todos quienes vivieron en esa época recuerdan que por aquel entonces se roturaba todo el terreno, incluso las más altas cumbres. Así, todo esto nos hace pensar que quizás el gran desarrollo demográfico que se produjo en esa época llevó a la sobre-explotación del terreno, sencillamente porque no había suficiente terreno para tanta población. Y junto a ello, el desarrollo industrial de otras Comunidades Autónomas hizo que por los años 60  comenzara el éxodo rural hacia las capitales de zonas más ricas. Por aquel entonces tenía cierto sentido: En lugar de trabajar en el campo de sol a sol durante todos los días del año teniendo como recompensa en el mejor de los casos el alimento para subsistir durante ese año, los campesinos cambiaban las penurias del campo por el trabajo en una fábrica. El de la fábrica era un trabajo monótono y duro, pero no más duro que los trabajos que estaban acostumbrados a desarrollar en el campo, con la ventaja de que tenían un horario de entrada, un horario de salida, un par de días libres a la semana, vacaciones para volver a su pueblo y un sueldo a final de mes ocurriese lo que ocurriese. Los que decidieron quedarse en el pueblo vieron las calles de su pueblo encementadas, fueron testigos de la llegada de la luz, de la llegada del agua corriente a las casas, de los teléfonos posteriomente, y también vieron cómo se fueron introdujendo coches, tractores y maquinaria agrícola que facilitaba inmensamente el trabajo en trabajo en el campo. En un espacio de tiempo de 30 o 40 años nuestros pueblos pasaron de vivir como en la Edad Media a convertirse en un lugar moderno. Solo los que han vivido los años anteriores y posteriores saben comprender los profundísimos cambios que se han producido en nuestra sociedad durante tan corto espacio de tiempo.

Es también durante el S. XX cuando se construyen tres grandes embalses en la zona: Ricobayo, Villalcampo y  Castro. La construcción del embalse de Ricobayo, además de ser una obra importantísima, hizo que se cambiara la ubicación de la Iglesia visigoda de San Pedro de la Nave hacia su actual localización, ya que originariamente se encontraba a orillas del río Esla y el embalse la habría sepultado. Sus piedras fueron numeradas y colocadas en la nueva ubicación exactamente igual que estaban.  

Es entre los años 1940 y 1970 cuando se produce la plantación de la Sierra de la Culebra de pinos. Los pinos no son el árbol autóctono de la Sierra. Se plantaron durante esos años por medio de un plan de repoblación a nivel nacional cuyos inicios estaban en 1935 y que se concretó en 1940. El plan contemplaba la repoblación de diversos hábitats de España teniendo en cuenta sobre todo los aprovechamientos madereros que la nación necesitaba. Quizás esta zona hay que verla como una zona de transición, de matorrales a pinos y de pinos a encinas.

En 1973 la Sierra de la Culebra se declaró como Reserva de Caza, y poco a poco se fueron reintroduciendo animales salvajes como el ciervo, especie que había desaparecido de la zona. También se potenció la población de jabalí y de corzo. Y sobre todo, los lobos pasaron de ser considerados una alimaña a gozar de cierta protección que se ha ido incrementando  con el tiempo, siendo actualmente el animal más característico de la zona y seguramente de toda la provincia. Y es que no en vano, al parecer la Sierra de la Culebra es la región que cuenta con mayor población de lobo ibérico de toda la península. Incluso se le ha dedicado un centro de interpretación en Robledo de Sanabria, que cuenta con varios ejemplares de lobos en cautiverio.

También entre los años 50 y 60 se construye algo hermoso: El ferrocarril que va desde Zamora hasta puebla de Sanabria y que más o menos hace su recorrido a la vera de la Sierra de la Culebra.

GEOLOGÍA

La Sierra de la Culebra es una cadena montañosa de baja altitud que se extiende desde la frontera portuguesa, en las inmediaciones de Puebla de Sanabria hasta unos 50 kilómetros al Este, finalizando en las inmediaciones de Tábara.

Es un extenso terreno que comprende mas de 67.000 hectáreas y numerosos núcleos poblacionales se sitúan en sus inmediaciones.

Dicen que su nombre viene de la silueta serpenteante de la sierra, que sube y baja con suaves ondulaciones del terreno.

La Sierra de la Culebra no tiene una gran altitud, su punto de mayor altura es Peña Mira (Situado en el entorno de Flechas y Figueruela), que se eleva 1241 metros sobre el nivel del mar.

Es reseñable que muchas de las cumbres de la Sierra de la Culebra están coronadas por crestas de cuarcita, que confieren a la Sierra un carácter muy distintivo. La cuarcita de hecho es la piedra que se usa para construir las paredes de las casas tradicionales en la zona.

Crestones de cuarcita en los altos de la Sierra de la Culebra

Junto con los crestones de cuarcita, son muy abundantes y frecuentes los afloramientos de pizarra y de granito en los pueblos de la falda de la Sierra. Sobre la pizarra, al parecer existe una gran veta que se esconde discurriendo en paralelo a lo largo de toda la Sierra de la Culebra. Tradicionalmente los tejados de las viviendas se han hecho con pizarra y desde hace varias décadas este mineral se explota de forma profesional para surtir de pizarra a los mercados extranjeros. Notablemente existe una cantera de pizarra en Riofrío de la que se extrae gran cantidad de pizarra de muy buena calidad.

La cantera de pizarra de Riofrío
La cantera de pizarra de Riofrío

EL CLIMA DE LA SIERRA DE LA CULEBRA

Podríamos definir el clima como mediterráneo-continental, caracterizado por inviernos fríos y largos y veranos cálidos y cortos, con una notable diferencia térmica entre el día y la noche. Dicen que antes, hace 60 años y más en otoño llovía notablemente y que luego el otoño daba paso a inviernos realmente duros donde ya desde muy pronto comenzaba a helar por las noches, y que las nevadas eran frecuentes hasta la primavera. Dicen que había lugares, a la umbría, que estaban helados durante todo el invierno y solo se descongelaban cuando llegaba el sol de primavera (El paraje de las Fuetes en Riofrío está a la umbría y este año, tras las nevadas de la borrasca Filomena los primeros días de 2021, pudimos comprobar que este lugar se congeló y se mantuvo helado hasta finales del mes de febrero).  Los churros colgando de los tejados de las casas eran una estampa habitual de antaño.

Churros de hielo colgando de un tejado
Churros de hielo colgando de un tejado

Todavía hoy se tiene mucho miedo a las heladas de primavera, y es que hay años en los que el clima es traicionero: Hace temperaturas suaves en marzo y abril que hacen que los cultivos nazcan con fuerza y, de repente, llega una helada en Mayo que arrasa con todo (Son famosas las heladas del 1 de Mayo). Y es que ya lo dice el refrán: hasta el 40 de Mayo, no te quites el sayo. Aún a día de hoy el refrán sigue totalmente vigente.

Un pueblo nevado
Un pueblo nevado en la falda de la Sierra

VEGETACIÓN DE LA SIERRA DE LA CULEBRA

En la década de los años 50 del s. XX se inició una intensa repoblación forestal de la Sierra de la Culebra, plantando pinos a lo largo y ancho de la Sierra. Son esos pinos los que hoy podemos ver en toda la Sierra de la Culebra, pero los pinos no son un bosque autóctono. El bosque autóctono de la Sierra de la Culebra se compone de encinas, robles y castaños principalmente. También existen zonas de madroños y de alcornoques, aunque estos en menor cantidad. El bosque de la Sierra da paso a zonas de matorrales, cubiertas principalmente de jaras, brezo, piornos, escobas, tomillos y romero que en primavera hacen que sea una gozada de olores y colores el pasear por el campo. También son numerosas las zarzas, que tienden a colonizar las zonas en las que habitan si no se limpian con cierta frecuencia.  Ya a la orilla de los ríos y arroyos es frecuente encontrar alisos, negrillos y salgueras principalmente. En las zonas mas húmedas que se encuentran cerca de los ríos es muy frecuente encontrar grandes extensiones de helechos (faleitos en el lenguaje local). En las tierras de labranza y huertos privados encontramos con facilidad numerosos árboles frutales: manzanos, perales, cerezos y ciruelos principalmente; y en las zonas menos aptas para el cultivo de cereal se ha venido plantando viñedo desde tiempos inmemoriales.

Tomillos en flor
Tomillos en flor

FAUNA

La Sierra de la Culebra es un auténtico paraíso faunístico del que podremos disfrutar si abrimos los sentidos y nos fijamos:

Seguramente la Sierra de la Culebra se distinga hoy en día por ser la zona donde mayor población de Lobo Ibérico existe en la Península Ibérica. Aparte de lobos, se instauró en la zona una Reserva de Caza y se introdujeron ciervos, corzos y jabalíes; que hoy se encuentran en gran número. En Septiembre, el mes de la berrea del ciervo, es cada vez más frecuente encontrarnos con excursionistas que se animan a adentrarse en lugares estratégicos para escuchar a los grandes ciervos bramar y chocar sus grandes cornamentas en las peleas. Cuando paseamos por los caminos de la Sierra, si nos fijamos podremos descubrir huellas de lobos, ciervos, etc. Quizás tengamos suerte y podamos incluso encontrar un asta de las que cambian los ciervos cada año. Además de esto también encontraremos jinetas, tejones, gatos monteses y pequeños roedores.

Hablando de animales domésticos, los burros y las vacas siempre han formado parte del ecosistema de la Sierra, de sus pueblos y sus gentes. También gallinas, pavos, conejos; que se mantienen como fuente de alimento (Pero estos no viven en la Sierra).

Vacas autóctonas pastando
Vacas autóctonas pastando

Pero quizás, lo mas reseñable de la fauna autóctona de la Sierra de la Culebra y puede que en lo que menos nos fijemos es su variada población de aves. Y es que en la Sierra y en los pueblos, ríos y mesetas que la rodean podemos encontrar cigüeñas blancas, águilas, aguiluchos, halcones, búhos, lechuzas, cucos, ruiseñores, jilgueros, golondrinas, gorriones (Pardales en el lenguaje local), abubillas, pájaros carpinteros, tordos, carboneros, cuervos… ¡Es todo un lujo para los sentidos poder escuchar tanta variedad de trinos cuando uno pasea cualquier día de primavera por la Sierra y sus inmediaciones!

Típico burro de la zona
Típico burro de la Sierra de la Culebra

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